Medidas sanitarias y prevención de triquinosis

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29 marzo, 2019

Medidas sanitarias y prevención de triquinosis

El principal problema que presenta la triquinosis en las personas es el consumo de carnes no controladas, lo que obliga a establecer un control exhaustivo de las explotaciones para evitar al máximo la presencia de roedores. Al mismo tiempo, se ha de garantizar que todos los animales que vayan a consumo sean controlados. Para aquellos que son sacrificados en mataderos el control es obligatorio y suele realizarse correctamente. De hecho, estas medidas sanitarias han hecho que el número de casos de triquinosis en humanos haya descendido, de tal manera que han llegado a desaparecer de la lista de peligros alimentarios que el consumidor conoce claramente. Todo ello es gracias a todos los servicios de inspección de carnes, que han demostrado ser eficaces en todos los países que los realzan de forma rutinaria.

Queda entonces el problema de los animales de caza o de los que se han criado y sacrificado fuera de los sistemas de control establecidos. El principal problema es que las personas implicadas olviden la necesidad de este tipo de controles y que no los realicen, con el consiguiente peligro para la salud de los consumidores, que normalmente suele ser la propia familia o amigos más o menos allegados. Ante esta circunstancia surge la duda de quién debe realizar el control. En realidad, se trata de un producto que se introduce en el mercado, es decir, va a ser consumido, por lo que el control deben realizarlo los servicios de inspección correspondientes a la zona en la que se ha capturado el animal o de donde se vaya a proceder a su preparación.

El problema aquí es que los medios materiales para realizar las pruebas se localizan en los mataderos y los inspectores no los suelen tener en cualquier sitio. Si se considera que los mataderos no son organismos públicos, sino empresas privadas, se puede comprender que cada vez se complica más el control adecuado de estos animales. En realidad, son las comunidades autónomas las que deberían regular estas situaciones, especialmente aquellas en las que la caza es frecuente. La solución más sencilla se basaría en aplicar medidas de autogestión. ¿Qué quiere decir esto? Que los cazadores se agrupen y contraten o contacten con inspectores veterinarios cualificados.

En este caso, cada vez que se realiza una batida de jabalíes, por ejemplo, se preparan los animales abatidos, de los que se toman las muestras y se analizan en zonas concretas con medios adecuados. Como consecuencia, los animales positivos se han de desestimar para su consumo como carne fresca o productos crudos curados. No obstante, los animales positivos no necesariamente han de ir a destrucción, se podría proceder a su congelación, de forma que posteriormente, una vez inactivadas las lavas, pueden pasar a consumo humano. Sin unas medidas de control apropiadas, por tanto, el consumo de estos productos supondrá un riesgo difícil de cuantificar.

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